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La relación del Filoko o Lamprea de bolsa (Geotria australis) con la comunidad Mapuche de Gorbea, sur de Chile; una mirada desde la Antropología y la Biología Marina.

June 10, 2017

Texto: Pablo Reyes, Mario Vázquez y Mathias Hüne, Fundación Ictiológica

 

Las lampreas han estado en la tierra por unos 530 millones de años. Eso es más del doble de tiempo que los dinosaurios.

 

Geotria australis se distribuía originalmente en Chile entre los 33°S hasta los 55°S, es decir, entre las regiones Metropolitana/Valparaíso y la región de Magallanes, aunque investigaciones resientes restringen su distribución entre el los 36°S y 45°S (entre las regiones del Biobío y Aysén). Es importante señalar que gran parte de su vida la desarrolla en agua dulce (McDowall 1990, Ruiz & Marchant 2004), sin que en Chile se hayan publicado registros en el mar para esta especie para (Reyes y Hüne 2012). Otra particularidad de G. australis, es que los adultos son parásitos de peces, constituyéndose así en uno de los únicos casos existentes de vertebrados parásitos, lo cual constituye una verdadera rareza biológica. El individuo adulto más grande conocido ha medido 62 cm. (Fig 1).

 

 

Figura 1. Grabado de un espécimen adulto de Geotria australis, presentado en 1851 por el Museo Británico.

 

 

La especie se caracteriza por presentar tres estados de desarrollo previos al adulto: Ammocoetes, Macroftalmia e Hipermetamórfico. Durante las primeras dos fases de desarrollo viven en agua dulce. En el estado hipermetamórfico y adulto viven en el mar (Fig. 2), por ello los adultos para desovar deben remontar considerables distancias río arriba, migración en la cual si encuentran un obstáculo en su camino (p.ej., una cascada o dique) lo superan saliendo a tierra, reptando y rodeándolo hasta volver al cauce fluvial (Neira 1984), tal como ha sido reportado en la región de los Lagos, Chile, donde se han visto ejemplares cruzando caminos asfaltados que han fragmentado ríos (Germán Pequeño, UACh, Comunicación Personal, 2014).

 

Figura 2. En sentido de las agujas de un reloj se presenta el desarrollo de la especie Geotria australis. En la fase Ammocoetes, cuando más pequeña, se encuentra durante 3 a 10 años enterradas en el fango de ríos y arroyos, donde se alimentan de material particulado, éstas tienen los ojos abajo de la piel, por ello captan la luz con su cola, especialmente preparada para ello. La transformación de Ammocoetes a Macroftalmia, fase intermedia con el adulto, ocurre en aguas de ríos y arroyos. En este estado migra al mar, siendo estas lampreas, que acaban de adquirir sus dientes, las mas voraces con sus presas; los peces. Cuando regresa a los ríos, lo hace en estado Hipermetamórfico avanzado. Finalmente, a los machos adultos se les desarrolla un gran y grotesco saco en la garganta a medida que migran río arriba. La fecundación es externa: machos y hembras liberan sus gametos al agua (espermatozoides y óvulos, respectivamente) y en ella se produce la fecundación. El desove es muy pausado y dura varios días. Una vez que sucede, los huevos recién fecundados se pegan al fondo y son cubiertos con arena por sus padres que, acto seguido, mueren. Luego del huevo surgirá un Ammocoetes, comenzando nuevamente el ciclo de la vida.
Fuente: Reyes, P. & M. Hüne (2012) Peces del Sur de Chile. Ed. Ocho Libros, Santiago (Chile), 500 pp., y  modificado de Great Lakes Fishery Commission (www.glfc.org).

 

Según el Reglamento de Clasificación de Especies Silvestres (RCE) (Octavo proceso de clasificación de especies, Ministerio del Medio Ambiente, Chile), G. australis se encuentra Fuera de Peligro de la región del Biobío al sur e Insuficientemente Conocida de la región del Maule al norte (Diario Oficial de la Republica de Chile 2008). Para la especie no existen antecedentes de pesquería o utilización humana, actual o pasada (Campos et al. 1993, Neira 1984). G. australis recibe varios nombres vernaculares en castellano chileno, entre ellos “lamprea de bolsa” “anguila dulce” y “anguila blanca” (Reyes y Hüne 2012). En la actualidad los mapuches de La Araucanía las llaman “yepo”, “bicha”, “filokomo” y “filoko” (Inalaf 1997), este último nombre en mapudungún significa literalmente “serpiente de agua” (filo = vilu (serpiente) + ko (agua).  Dado que la especie es anádroma, anualmente debe migrar desde el océano hasta los ríos donde se reproduce. En el caso de la presente investigación la migración ocurre entre el océano Pacífico y la cuenca hidrográfica del río Toltén. Es en el trayecto migratorio cuando la comunidad mapuche de Gorbea (39º06-72º40´S), en región de la Araucanía, Chile, la capturan, mientras remontan por el río Donguil, tributario del Toltén, representando entonces un recurso tradicional, pero además, un referente simbólico. Gorbea es el único lugar de Chile donde se conoce esta actividad, además, es el único lugar en América Latina donde se conoce la existencia de una relación cultural con las lampreas. En el contexto global, se sabe de la captura y utilización de lampreas en ríos ingleses y fineses. Dado que en Europa son capturadas comercialmente, se ha producido una disminución dramática de sus abundancias, lo que ha conllevado una preocupación gubernamental por manejar las pesquerías (Tuunainen et al. 1980; Valtonen 1980; Masters et al. 2006, Moser et al. 2007). En el noroeste de América del Norte (Estado de Oregón, EEUU), la lamprea del Pacífico (Entosphenus tridentatus) es importante para la tribu Umatilla (Fig. 3), Sin embargo, la disminución de su abundancia debido a la alteración de los cauces fluviales ha limitado su uso tradicional (Close et al. 2004). El uso cultural de la lamprea del Pacífico en América del norte, sería el único caso conocido, junto al de Gorbea, de uso tradicional de lampreas a nivel continental americano.

 

 

Figura 3. Niño de la tribu Umatilla con lampreas del Pacífico (Entosphenus tridentatus) capturadas en el río Columbia, Estado de Oregon, América del Norte. Las lampreas suelen ser atrapadas con la mano en lugares del río donde los rápidos y cascadas las fuerzan a adherirse a las rocas para descansar antes de intentar moverse río arriba.

Fuente: CRITFC (Columbia River Inter-Tribal Fish Commission).

 

 

Finalmente, en el pueblo maorí de Nueva Zelanda también hace uso cultural de la especie G. australis (Paulin 2007). Los maorí la capturan cuando migran río arriba con elaboradas trampas y con recolección manual (Fig. 4) (James 2008).

 

Figura 4. Maoríes usando un hīnaki (trampa) hecha de arbustos Manuka, la cual está sujeta al fondo del río con rocas. Las paredes guían a las presas hacia la trampa.

Fuente: Bob McDowall. 'Freshwater fish - Shy species, seldom seen', Te Ara - the Encyclopedia of New Zealand, URL:http://www.TeAra.govt.nz/en/photograph/11099/the-last-grayling

 

La tradición maorí señala que el origen de la lamprea viene de tuna, una anguila gigante (Fig. 5), que asustaba a las esposas del semidiós maui.  Como castigo, maui cortó a tuna por la mitad. Una mitad cayó en el mar y se convirtió en el congrio. La otra mitad cayó en un río y se convirtió en la lamprea (Keane 2012). Los maorí emplean trampas para capturarla, las que según la tradición oral, se remontan a tiempos pasados, cuando se utilizó arena traída de Hawaiki (isla mítica donde los polinesios sitúan su origen), que se colocó en una pequeña copa de piedra llamada punga-tai, y, habiendo dicho encantos sobre ella, esta copa fue depositada en una río y atrajo a las lampreas (Downes 1918).

 

Figura 5. Esta acuarela de TW Downes muestra una anguila gigante atraídos desde un arroyo con un pájaro en un palo. Este método fue llamado toi por los Maoríes.

Fuente: Basil Keane. 'Te hopu tuna – eeling - Bobbing, feeling and striking', Te Ara - the Encyclopedia of New Zealand, URL: http://www.TeAra.govt.nz/en/artwork/13982/catching-the-legendary-eel-at-tangahoe

 

Los primeros antecedentes obtenidos por los autores de este artículo provienen de una tesis de grado de la Escuela de Antropología de la Universidad Austral de Chile (UACh) (Inalaf 1997), en la cual se describe la presencia de grandes grupos de lampreas que todos los años abandonaban un curso de agua (río Dónguil) y salen a tierra, donde son capturadas por la comunidad mapuche. Gorbea (39° 6'2"S- 72°40'35"W) es un poblado que se encuentra en la parte media del valle central del sur de Chile, a 93 metros sobre el nivel del mar (msnm), entre la cordillera de los Andes y océano Pacífico (70 km al W). Durante la era precolombina el sector fue una pequeña comunidad mapuche llamada Dónguil, la cual se transforma en el poblado de Gorbea tras la llegada del ferrocarril y los colonos europeos el año 1887. Actualmente el río que pasa por el poblado conserva el nombre Dónguil, el cual en su recorrido por el costado occidental de Gorbea forma una cascada de 6 m de altura llamada el Salto (39°7'10"S-72°40'28"W), que en su parte inferior forma un pozón profundo de 0,5 há de diámetro llamada “La Poza”, que presenta aguas lentas de color verde oscuro, con profundidades de uno a ocho m, fondo de limo arcilla y piedras dispersas. En la rivera oriental de La Poza existe una planicie o terraza desde donde surge un corto sendero por el cual se puede caminar hasta el sector superior del Salto (Fig. 6).

Figura 6. El lugar donde anualmente se capturan las lampreas en Gorbea corresponde a la cascada de 6 m de altura llamada el Salto (39°7'10"S-72°40'28"W) en el río Dónguil, costado occidental de Gorbea.

Fuente: Archivo fotográfico Fundación Ictiológica, Mathias Hüne©

 

Anualmente en La Poza se reúnen miles de ejemplares de G. australis que ven interrumpida su migración por el río Dónguil debido a la presencia de El Salto. Sin embargo, las lampreas logran continuar su migración gracias a que salen hacia tierra por una planicie o terraza fluvial y transitan un sendero de baja pendiente que accede a la parte superior (aguas arriba) de El Salto. Cuando esta situación ocurre, generalmente en septiembre u octubre, dependiendo de las condiciones ambientales, los mapuches las capturan con el objetivo de alimentarse de ellas. La fecha exacta (mes y día) de la salida de las lampreas depende fundamentalmente de la lluvia. La lluvia (de uno o más dias) es una condición necesaria para que aumente el nivel de agua de La Poza en cerca de 15 cm, hasta quedar al mismo nivel de la terraza aledaña, lo cual permite a las lampreas alcanzarla. La lluvia, además, moja la tierra y vegetación de la terraza y del sendero por donde transitan las lampreas, así la lluvia generaría un sustrato de baja viscosidad (barro o pasto mojado) que facilita su desplazamiento y, además, la lluvia eleva el nivel de humedad del suelo y de la atmósfera, lo cual evita que se deshidraten sus sacos branquiales y piel. Al preguntar a los pescadores que ocurre si un año no llueve lo suficiente (por ejemplo durante La Niña), responden que las lampreas de todos modos salen del río, pero de manera fraccionada, en pequeños grupos dispersos a lo largo de los meses del verano, frustrando la pesquería, ya que en esos meses nadie las captura pues éstas salen en pequeño número, con una periodicidad impredecible y, lo más importante, están amargas, flacas y llenas de sangre, siendo poco apetecibles.  Para que la recolección se efectúe, primero debe haber luna llena, y luego debe llover por al menos 48 h para que el suelo se moje y aumente el nivel de agua de La Poza. Cuando deja de llover, se reúnen los pescadores en la terraza fluvial de la Poza. La señal que esa noche saldrán las lampreas está en la copa de los arboles aledaños, los que se llenan de “cuervos” (Phalacrocorax sp.). Cuando estas aves se zambullen en La Poza y emergen con lampreas en el pico, es porque el día ha llegado (Fig. 7). Según un recolector entrevistado “las lampreas ya le sintieron el sabor amargo al agua y van a salir". Cuando los pescadores están seguros que las lampreas abandonarán el río (en base a las señales ambientales), se reúnen a un costado de la terraza a esperarlas. Ésta abandonan el agua en el crepúsculo. Los pescadores dejan que las lampreas salgan del agua durante al menos dos horas antes de comenzar a capturarlas, así, al comenzar la pesquería ya hay abundantes lampreas disponibles en tierra. La razón de ello, según un recolector entrevistado, es que cuando las lampreas se sienten amenazadas regresan todas al río, pues “se comunican unas a otras que están en peligro”, por ello se da inicio a la pesquería después que un gran número de lampreas hayan salido a tierra. Esta explicación no tiene base científica, dado que no se conocen mecanismos de comunicación entre lampreas. De igual modo, cuando la pesquería se efectúa de noche se realiza sin luz artificial, ya que, como se nos informó, las lampreas poseen una conducta fotofóbica, por ello regresan al río si alguno de los pescadores prende una linterna o foco. De esta manera, la única luz disponible es la de la luna, que necesariamente debe encontrarse en fase llena para que las lampreas salgan del agua, lo cual, seguramente, se asocia con la posibilidad de ver mejor el entorno, mientras avanzan por tierra. Es importante señalar que las lampreas poseen en la parte superior de su cabeza una pequeña mancha de piel translúcida que recubre un importante órgano de su cerebro: el órgano pineal. Éste es sensible a la luz que se filtra por la delgada piel que lo recubre y que controla algunos niveles hormonales del animal. Por esta razón se postula que la luna llena actuaría como faro para las lampreas al salir del río.

 

Figura 7. “Cuervo”, “cormorán” o “Pato yeco” (Phalacrocorax sp.) con una anguila en el pico, recién capturada.

Fuente: Archivo fotográfico Booney Whitefoot©.

 

 

Una vez que una cantidad suficiente de lampreas han abandonado el agua, los cerca de 100 pescadores que participan en la actividad comienzan la recolección. Para ello cada hombre lleva puestos guantes de lana, para evitar que las lampreas resbalen de sus manos o que se peguen a ellas con su disco de succión (Fig. 8), que puede generarle pequeñas heridas (producidas por sus poderosos dientes) (Fig. 9). También se emplean sacos de harina vacíos (50 kg aprox.), donde introducen hasta 300 lampreas. Al llenar el saco lo cierran para evitar que las lampreas escapen y luego cogen otro saco para comenzar a llenarlo de nuevamente.

 

Figura 8. Grabado del disco de succión de un espécimen de Geotria australis, presentado en 1851 por el Museo Británico.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Figura 9. Fotografía de la herida dejada por el disco de succión de una lamprea en un pez después de un ataque.

Fuente: www.forestryimages.org

 

 

Un aspecto a tener en cuenta es que no sólo la comunidad originaria de Donguil captura las lampreas, como tradicionalmente ocurría, en la actualidad también lo hacen personas de localidades vecinas, incluso de Temuco (40 km al S de Gorbea). Los afuerinos no las capturan con la mano, sino que usan redes, botes inflables, entre otros instrumentos. Estas personas aprovechan el libre acceso que existe al lugar, que se encuentra a la orilla de un camino vecinal (ruta S-92), para integrarse a la recolección y llenar la mayor cantidad de sacos con lampreas, las cuales mueren rápidamente en las condiciones de hacinamiento extremo (algunas de las cuales incluso deben ser descartadas muertas). La llegada de pescadores foráneos se ve facilitada, además, porque el acceso al “recurso” es libre (no hay asignación de cuotas). Estas capturas, desvinculadas de algún carácter cultural, se venden en distintas ciudades del sur de Chile, por ello ostentan un objetivo únicamente comercial.  La cosmovisión mapuche señala, según Inalaf (1997) lo siguiente: “Hace muchos años atrás durante una mañana de verano en la cual tres pequeñas hermanas se bañaban en él río Dónguil, una de ellas nadó hasta una gran piedra ubicada en la mitad de éste. Desde allí les gritó a sus hermanas: "aléjense porque me están tirando los píes", y luego se hundió lentamente en el agua. Las hermanas corrieron a avisar a la aldea y fueron los familiares a buscar la niña perdida, pero no la encontraron. Trataron de mover la piedra entre varios hombres, pero fue imposible, después hicieron un nguillatún para que apareciera, pero nada sucedió. La niña se había perdido para siempre. Durante una fría mañana del otoño siguiente, la niña desaparecida apareció de la nada frente a su madre y le dijo: "este invierno va a ser muy crudo y las cosechas no van a alcanzar para todos, pero durante una noche van a salir del río unas culebras con siete oídos a cada lado de la cabeza, espérenlas y recojan el máximo, guárdenlas para comer”. La madre preocupada por su hija comenzó a preparar una fogata para que ésta se calentara, pero ella le dijo que no la hiciera, pues vivía en un lugar muy frío y oscuro, y por eso no podía ver el fuego, tampoco las culebras con siete oídos, por lo tanto los que fueran a recogerlas al río no deberían usar fuego para iluminarlas. En ese momento apareció un remolino de viento y la niña se fue en él. Como la niña dijo, ese año salieron las lampreas y la gente de la aldea las capturó, las secó y las ahumó, de esa manera todos tuvieron alimento para sobrevivir ese año. Desde ese entonces la gente de el Salto comenzó a comer lampreas”. Los relatos recopilados en torno al filoko (Lenz 1910; De Augusta 1916; Moesbach 1936; Oliver 1943; Coña 1995; Villagrán et al. 1999) pueden ser asimilados con la entidad Shumpall (Fig. 10), texto mítico de gran vigencia y extendido en diversas comunidades mapuches tradicionales de Chile (Carrasco 1981).

 

Figura 10. El Shumpall es una entidad mapuche en forma de “tritón”.

Fuente: Boris Vallejo©.

 

La estructura del texto mítico es esencialmente la misma: una hermosa joven mapuche fue al mar, río o lago, a recoger marisco, lavar, bañarse, mirarse en el agua; un Shumpall, directamente en su apariencia de tritón o indirectamente en forma de ola o remolino, arrebata a la niña y la lleva hacia las aguas; allí se casa con ella, y la joven desaparece de las cercanías; sus padres, sobre todo la madre, quedan solos y tristes por la desaparición de su hija, lloran y esperan o la buscan, rezando y haciendo nguillatún para encontrarla; después de un tiempo, los padres sueñan con la joven, o ésta los va a visitar, por su voluntad o enviada por Shumpall, sola o acompañada de su pequeño hijo, (el que a veces, al ser destapado el canasto en que va, se convierte en agua, o se observa su apariencia de "lobito de mar") y les cuenta que está viva, casada, que habita bajo las aguas y que no la busquen más. Luego, la joven pide a sus padres y otras personas de la comunidad que vayan a la playa o ribera, donde se efectuará el pago por el matrimonio; los padres y la comunidad llevan los elementos necesarios y organizan la fiesta ritual; entonces, Shumpall viene en forma directa (en su apariencia de tritón), o figurada (ola, marea, viento, temporal), llena la playa de pescado, otros bienes del mar o dones para pescar; con esto, todos quedan satisfechos y felices, por los bienes o dones recibidos y por la relación establecida con el esposo de la joven, y ésta, sola o acompañada por Shumpall, se va también feliz hacia su morada en las aguas.  

En los relatos de la comunidad de Donguil, respecto a la captura del Filoko, hay elementos comunes con otros sitios ceremoniales donde habitan “encantados”, siempre vinculados al agua (Kó), un poderoso referente simbólico para las comunidades Mapuche, éstos “encantados” corresponden a seres históricos que al desaparecer y quedarse mágicamente habitando el lugar, junto a seres luminosos, devienen en espíritus protectores (Moulian 2002). Estos espacios, presentan una aparente ambigüedad debido a que son lugares peligrosos, y a la vez, habitado por un encantado que intercede por las comunidades ante las divinidades, es una característica definitoria de lugares sagrados cargados de poder sobrenatural (Foerster 1985; Olivares 1986). La presente investigación permite concluir que la población mapuche de Gorbea posee un conocimiento tradicional acerca de la captura, faena, conservación y consumo de la lamprea G. australis, el cual ha sido transmitido durante generaciones de padre a hijo, existiendo separación de género en la vinculación con el filoko, donde el hombre actúa como recolector, y la mujer como administrador de las capturas, llegando incluso a emplearla con fines medicinales. Sin bien es difícil datar la fecha en la cual se origina la práctica, la cosmovisión existente en torno a la especie y la pesquería, permiten estimar que ésta se remonta a tiempos anteriores a la invasión española. La lamprea constituiría un referente simbólico para la comunidad mapuche de Gorbea, donde se ha construido una cosmovisión en torno a la especie, el cual sería un nguen asociado al agua, elemento sagrado para los mapuches. En este contexto, el filoko sería la representación real (física) del espíritu de las aguas en forma de culebra; el Caicai-Vilu (o Kaykay filu), pero en una dimensión ambigua, por una parte benévola (al alimentar a la comunidad) y por otra malvada (al llevarse a la niña), la segunda concepción sería mas coherente con la tradición mapuche del malévolo Caicai-Vilu, que ordenó el ascenso de las aguas, inundando tierras bajas y matando a sus habitantes durante la batalla contra Trentren-Vilu (o Trengtreng filu) (Fig. 11 y 12).

 

  Figura 11. Estatua de Cai Cai Vilú en la Plaza de Ancud. La similitud morfológica con Geotria australis (Fig. 12) es notable. Fuente: http://commons.wikimedia.org.  

Figura 12. Espécimen de Geotria australis obtenido en Gorbea. 

Fuente: Reyes, P. & M. Hüne (2012) Peces del Sur de Chile. Ed. Ocho Libros, Santiago (Chile), 500 pp.

 

Si bien el filoko podría considerarse un elemento tradicional de la economía local y cosmovisión mapuche, al ser un alimento que puede ser cambiado por otros productos, su reciente denominación como recurso ha sido condicionado por la presencia de personas foráneas en Gorbea, que buscan exclusivamente dinero gracias a su captura y venta del “recurso” (la docena de lampreas es comercializada por 1.200 pesos chilenos o más), lo que consecuentemente a inducido al mapuche local a actuar de igual manera, lo cual implica una cambio radical en la construcción de su universo y relación con la especie. De esta manera, la interferencia de pescadores foráneos es una amenaza cultural para las comunidades mapuches de Gorbea y la sustentabilidad de la especie, por la sobrepesca o extracción desmedida. Por otra parte, la calidad del hábitat en el río Donguil se encuentra en peligro, tanto por los vertimientos de aguas servidas al río (desde la planta de tratamiento de aguas servidas de Gorbea (Diario Austral de Temuco, 6 de octubre de 2009), como por eventuales aportes de contaminacion difusa a la cuenca (pesticidas, fertilizantes, sedimentos, entre otros), ya que el sector de El Salto se encuentra rodeado por terrenos de propiedad Forestal (Mininco-Millalemu y Valdivia), los cuales están reforestados con especies exóticas, tales como pino radiata y eucaliptos; así como terrenos habilitados para la agricultura, que han quitando espacio a especies vegetales nativas.  A pesar de los antecedentes, no existe ninguna regulación especial u otro tipo de control estatal sobre ésta pesquería o especie (e.g. G. australis no se enuentra en la nómina de 30 especies de ictiofauna nativa de aguas continentales sujeta a 15 años de veda extractiva a partir de 2011 (Decreto Supremo N° 878, SUBPESCA) (Habit y Victoriano 2012), lo cual es alarmante, en especial si tomamos en cuenta que las lampreas son depredadas por peces introducidos a Chile (Reyes y Hüne 2012), cuyas capturas sí están reglamentadas por las leyes chilenas, y que en los últimos 20 años su área de ocupación ha disminuido un 24,27% (CONAMA 2011). La falta de regulación facilita el acceso de los pescadores foráneos, alterando la sustentabilidad de la actividad.  No obstante, es posible proteger el segmento del río Dónguil donde habitan filoko, ngen y las entidades que forman parte del patrimonio cultural inmaterial de la comunidad Mapuche de Dónguil, a través de la aplicación de mecanismos establecidos por la legislación chilena que consagra la protección de lugares sagrados para comunidades mapuches (e.g. Convenio 169 OIT, Consulta y Proteccion de Lugares Sagrados de los Pueblos Originarios (Decreto 236 de 2009, Ministerio de Relaciones Exteriores)). Una efectiva medida de conservación sería cerrar el acceso de los pescadores foráneos al recurso, e instaurar un régimen de pesquería con bases culturales y étnicas. Esta situación abre una oportunidad única de instaurar un régimen de pesquería especial para pueblos originarios, en la cual los pueblos originarios, incluida la comunidad mapuche de Gorbea, podrían tener reservado el acceso exclusivo a las lampreas. Por otra parte, abre la oportunidad para realizar una gestión modelo de las aguas del río Dónguil, otorgando, por ejemplo, Derechos de Agua a los pueblos originarios del área, tal como contempla el Artículo 20º de la Ley Indígena no 19.253 de 1993. La cual contempla “Financiar la constitución, regularización o compra de derechos de aguas o financiar obras a obtener este recurso, la misma que consagra un régimen especial de protección de las aguas de las comunidades aymaras y atacameñas en el norte de Chile, el que prima sobre el régimen general de las aguas en Chile. Así, las aguas aymaras y atacameñas, se consideran bienes de su propiedad y uso exclusivo, en lo que constituye una desafectación a la calidad de “bienes nacionales de uso público” que poseen las aguas en general, como las del río Donguil. Esto gracias que el artículo 64 de la citada Ley Indígena 19.253 dispone que se “deberá proteger especialmente las aguas de las comunidades aimaras y atacameñas” y para ello establece un doble régimen de protección (Cuadra 2000). Esta herramienta, sin embargo, sólo aplica a las comunidades aymaras y atacameñas, no mapuches, por lo tanto, no aplica al río Donguil, pero de hacerlo, podría bloquear la llegada de proyectos que incluyan obras civiles que impidan la migración de las lampreas (e.g. bocatomas) o vertidos de sustancias tóxicas (e.g. vertidos de sanitarias o desechos de la actividad agrícola o forestal) o extraccion de agua desde el cauce (particularmente consuntivos). 

Probablemente ya se estén observando en Gorbea efectos sobre las poblaciones de lampreas, pese a la carencia de los datos de captura históricos, un dato relévate y preocupante, proporcionado por los habitantes del área, es que hay años en que no llegan las lampreas, o que cada vez se observan y capturan menos, es decir, la biomasa podría estar disminuyendo.

 

Parte de este trabajo fue presentado por Fundación Ictiológica al XXXIV Congreso de Ciencias del Mar de la Sociedad Chilena de Ciencias del Mar, conjuntamente con la Universidad de Lagos, en Osorno (26 y el 30 de mayo del 2014).

 

Artículos destacados:

  • Banister, K. y A. Campbell. 1991. Peces. Animales del Mundo. Andrómeda Oxford Ltd. Londres.

  • Campos, H., V. Ruiz, J. Gavilán y F. Alay. 1993. Peces del Río Bío-Bío. Serie Publicaciones de Divulgación EULA, Universidad de Concepción, Chile. 

  • Close, A., D., Jackson, P., Conner, y W. Li. 2004. Traditional ecological knowledge of Pacific lamprey (Entosphenus tridentatus) in northeastern Oregon and southeastern Washington from indigenous peoples of the Confederated Tribes of the Umatilla Indian Reservation. Journal of Northwest Anthropology, 38(2), 141-162.

  • CONAMA 2011. Reglamento para la Clasificación de Especies Silvestres. Fichas del octavo proceso. Geotria australis. Referencia electrónica disponible en: http://www.mma.gob.cl/clasificacionespecies/fichas8proceso/fichas_finales/Geotria_australis_corregida.pdf

  • Cuadra, M. 2000. Los Derechos de Agua de Propiedad Ancestral de las Comunidades Atacameñas del Norte de Chile. Revista de Derecho Administrativo Económico, Vol II, Enero-Junio 2000, págs. 85-94.

  • Diario Oficial de la Republica de Chile. 2008. Aprueba y oficializa nomina para el tercer proceso de clasificación de especies según su estado de conservación. Decreto Supremo Numero 51del MINSEGPRES. Lunes 30 de Junio de 2008.

  • Downes, T. W. 1918. Notes on eels and eel-weirs (tuna and pa-tuna). Kiwi Publishers. 

  • Habit, E. & P. Victoriano. 2012. Composición, origen y valor de conservación de la Ictiofauna del Río San Pedro (Cuenca del Río Valdivia, Chile). Gayana (Concepción), 76(Supl. 1), 10-23.

  • Inalaf, P. 1997. Antecedentes antropo-biológicos de la lamprea Geotria australis Gray, 1851 en la localidad de Gorbea, IX región-Chile. Tesis de grado presentada para optar al grado de Licenciado en Antropología. Escuela de Antropología. Facultad de Filosofía y Humanidades.  Universidad Austral de Chile.

  • James, A. 2008. Ecology of the New Zealand Lamprey (Geotria australis). A literature review.  Department of Conservation Wanganui Conservancy. Wanganui, New Zealand.  

  • Keane, B. 2012. 'Te hopu tuna – eeling - Cooking, preserving and storing eels', Te Ara - the Encyclopedia of New Zealand, updated 22-Sep-12.  http://www.TeAra.govt.nz/en/te-hopu-tuna-eeling/page-7. Fecha de revisión: 1 junio 2013.

  • Masters, J. E., Jang, M. H., Ha, K., Bird, P. D., Frear, P. A., & Lucas, M. C. 2006. The commercial exploitation of a protected anadromous species, the river lamprey (Lampetra fluviatilis (L.)), in the tidal River Ouse, north‐east England. Aquatic Conservation: Marine and Freshwater Ecosystems, 16(1), 77-92.

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  • Tuunainen, P., Ikonen, E., & Auvinen, H. 1980. Lampreys and lamprey fisheries in Finland. Canadian Journal of Fisheries and Aquatic Sciences, 37(11), 1953-1959.

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